Siete grandes mitos con respecto al peso, las dietas y la alimentación

 

Hablando del área de la salud, me atrevería a decir que el terreno que se encuentra más plagado de mitos es sin duda el de la alimentación, el peso y las dietas. Y es que, en estos días, en que vivimos inmersos en una cultura obsesionada con la delgadez, pareciera que todos estamos en la búsqueda constante del hilo negro: creemos que en algún lugar vamos a poder descubrir esa dieta que por fin nos traerá  aquel cuerpo que tanto soñamos y que nos garantizará la salud hasta el último de nuestros días. A continuación enumeraré algunos de los principales mitos que la industria de las dietas nos ha hecho creer, cual si fueran verdades absolutas,  con la finalidad de seguirnos vendiendo algún producto o servicio. A continuación encontrarás algunas de las creencias más arraigadas en esta área:

 

  • EL TAMAÑO DEL CUERPO ES MODIFICABLE Y CONTROLABLE A NUESTRO GUSTO:

Esta es quizás una de las mentiras mejor contadas de nuestros tiempos. Constantemente se nos hace creer que si no hemos alcanzado el cuerpo de nuestros sueños es porque no nos hemos esforzado lo suficiente o porque carecemos de fuerza de voluntad. La realidad dista mucho de esta premisa: cada vez más y más estudios demuestran que el peso de una persona está controlado por un sinnúmero de complejas variables, la mayoría fuera de nuestro control, y con una determinante carga genética. Los cuerpos, por naturaleza, vienen en tamaños y formas diversas, y pretender que todos pueden y deben amoldarse a un solo estándar o “cuerpo ideal” es tan absurdo como pensar que todos deberíamos aspirar a calzar el mismo número de zapato, a tener el mismo color de piel o la misma estatura.

 

  • SI QUIERES BAJAR DE PESO, LA SOLUCIÓN ES PONERTE A DIETA

No pretendo negar que las dietas permiten una disminución de peso temporal. Quien haya hecho una dieta lo ha experimentado en carne propia. Sin embargo, el 95 % de estas personas también han sido testigos de que el peso perdido tarde o temprano regresa. Esto lo digo también bajo sustento científico: ninguna dieta a la fecha ha demostrado tener resultados duraderos a largo plazo (más de dos a cinco años), y 95% de quienes pierden peso vuelven a recuperarlo, mientras que dos terceras partes de éstos suben aún más. Esto sucede debido a que cada cuerpo tiene un “set point” o rango de peso defendido, al que intentará regresar una vez que la dieta se termine. Y es que el cuerpo entiende la restricción como una amenaza a su supervivencia: el cuerpo no sabe que esta restricción es voluntaria, sino que la asume como un periodo de inanición o hambruna en que no hay suficiente alimento, por lo que echará mano de diferentes mecanismos para resistirse a esta escasez, disminuyendo el metabolismo y programándose para acumular más grasa cuando todo termine y la comida vuelva a estar disponible. Uno de los principales efectos secundarios de las dietas a largo plazo, es la ganancia de peso.

 

  • EXISTE UNA ÚNICA MANERA ADECUADA DE COMER

Este mito me parece de los más absurdos, sin embargo, la mercadotecnia de las dietas lo maneja tan acertadamente que casi todos terminamos cayendo. Pareciera que a diario surge algún gurú que ahora si tiene la respuesta a todos nuestros males, alguien que había guardado el secreto pero finalmente nos lo revelará, alguien que tiene en sus manos la fórmula mágica no solo para la delgadez eterna, sino también para la salud garantizada. Es curioso como en estos tiempos sentimos que necesitemos que alguien nos guíe en uno de los actos mas primitivos de supervivencia del cuerpo humano. El ser humano se ha alimentado durante siglos sin la necesidad de patrones o guías externas que le indiquen qué, cuánto y a qué horas comer; pero hoy en día nos hacen creer que somos incapaces de tomar estas decisiones, que no podemos confiar en nuestras señales de hambre ni en nuestros antojos, y que requerimos que alguien monitoree constantemente lo que comemos.

 

  • EXISTEN ALIMENTOS BUENOS Y ALIMENTOS MALOS

Otra de las cuestiones que ha logrado la cultura de las dietas, es atribuir carga moral a los alimentos y categorizarlos en términos de negros y blancos. Una creciente ola salutista ha ido creciendo en los últimos tiempos y se ha empeñado en hacernos creer que cada bocado que metemos a nuestra boca podría ser determinante en nuestra longevidad o en nuestro estado de salud. Es así como pululan rumores sobre los alimentos “veneno”, capaces de matarnos de un solo bocado,  pero también sobre aquellos todopoderosos que bajo el nombre de “superfoods” podrán salvarnos de cualquier enfermedad prometiéndonos la vida y/o la juventud eternas.  Lo cierto es que los alimentos no son buenos ni malos, son solo alimentos que tendrán contenidos nutricionales distintos y funciones diversas. Ninguno de ellos es el villano que acecha para enfermarnos, y ninguno es tampoco indispensable para gozar de una adecuada nutrición. Llama la atención sobre todo como la información relativa a estos alimentos súper poderosos es cíclica, y de pronto, aquel alimento que parecía ser la panacea, queda olvidado, o lo que es peor, trasladado sin piedad al rincón de los villanos que sin aviso alguno podrían acabar tapando todas nuestras arterias o provocándonos una diabetes fulminante en cuestión de segundos. En relación a este tema, me gustaría parafrasear a Jan Chosen Bay:  “He acabado por no tomarme en serio ninguna afirmación absoluta sobre la comida, tanto si aparece publicada en una revista médica como si es producto de mi propia mente. El camino intermedio nos aconseja no dejarnos atrapar en ningún extremo, no aferrarse a ningún tipo de comida ni despreciar otro. La comida es comida, el resto son juegos mentales”.

 

  • LAS PERSONAS DELGADAS SIEMPRE COMEN MENOS Y SE EJERCITAN MÁS QUE LAS PERSONAS DE CUERPOS GRANDES

Este es un gran mito, y es quizás uno de los que más daño hacen a las personas de mayor peso. Como ya mencioné anteriormente, el peso está regulado por mecanismos complejos, y el metabolismo de las personas funciona de manera diversa, de forma que dos personas de la misma estatura que comieran exactamente lo mismo y se ejercitaran de la misma forma igual tendrían complexiones, pesos y cuerpos diferentes. Asumir que todas las personas con cuerpos grandes comen en exceso o no se mueven lo suficiente, solo contribuye al estigma y estereotipos que lastiman y dañan la salud física y emocional de estas personas.

 

  • DELGADEZ ES EQUIVALENTE A SALUD:

Este es quizás uno de los gigantes en cuanto a mitos se refiere. Es casi generalizada la idea de que todos deberíamos aspirar a ser lo más delgados posible en aras de cultivar la salud. Lo cierto, es que es imposible determinar absolutamente nada con respecto a la salud de una persona en base al tamaño de su cuerpo: así como hay personas con pesos altos y un perfecto estado de salud, hay personas delgadas enfermas. Además, la salud no solo abarca el área cardio metabólica, sino que involucra también componentes emocionales y sociales. La obsesión por un cuerpo delgado claramente merma estas dos últimas áreas.

 

  • ERES LO QUE COMES

Por supuesto que no. No somos lo que comemos, somos mucho más que eso. La alimentación sí desempeña un papel importante en nuestra salud y bienestar, pero no es el único determinante, y por lejos es el que más pesa. Nuestra condición socioeconómica y los recursos que poseemos para tener cubiertas nuestras necesidades primarias, el sitio en que vivimos, los lazos sociales y redes de apoyo con que contamos,  nuestra estabilidad emocional, el medio ambiente en que vivimos, el estrés al que estamos sometidos y los servicios de salud e higiene a que tenemos acceso son solo algunos de los elementos que tienen un peso significativo, y muchas veces mayor, que la forma en que nos alimentamos.

 

Es claro que las narrativas a que nos hemos expuesto durante tantos años permean en nosotros de forma determinante, al grado que muchas veces las damos por verdades absolutas incuestionables . Quisiera invitarte, querido lector, a que te pongas por un momento otros lentes, y a que cuestiones muchas de las aseveraciones que socialmente se nos han impuesto con respecto a este tema. Una mirada más crítica puede a veces resultar retadora e incómoda, pero es justamente de la incomodidad que nace el cambio.