La gordura en tiempos de Coronavirus

Ante una situación mundial sin precedente, y frente a uno de los momentos de mayor vulnerabilidad que muchos de nosotros hayamos jamás experimentado, pareciera que nos acecha un enemigo aún más peligroso y más temido que el COVID- 19:  la gordura. Su amenaza ronda por todas partes: en memes que hacen burla de lo gordos que podriamos terminar después de la cuarentena, en los miles de influencers que bombardean las redes con sus interminables rutinas de ejercicio que te permitirían “guardar la linea” en estos tiempos, y  en la  infinidad de gurús, coaches y nutriólogos satanizando el acto de comer, e instándonos a ingerir “la menor cantidad de alimento posible”.

 

Y es que sabemos que la cultura de dietas ha sido siempre oportunista, y esta no es la excepción: exacerbar en nosotros el miedo a engordar se ha vuelto una estrategia mercadológica sumamente atractiva para aquellos que quieren vendernos pérdida de peso. Sabemos bien que  la satisfacción no vende, pero la vergüenza y el descontento si. Así que, tener a una población inconforme con su cuerpo, garantizará la continuidad de la venta de sus  productos y servicios.

 

Pero no son quienes venden pérdida de peso los únicos que se empeñan en transmitir estos mensajes, es también nuestro inconsciente colectivo, mismo que ha sido adoctrinado para burlarnos de la gordura, y para temerle como si ésta fuera el mayor mal que pudiera acecharnos. Estos conceptos los  tenemos tan normalizados e interiorizados que no nos damos cuenta de ello, e incluso tachamos de “hipersensibles” a quienes se muestran incómodos ante estos mensajes.

 

Un meme gordofóbico es violento, se le mire por donde se le mire. Burlarnos de lo gordos que terminaremos la cuarentena es hacer mofa de los cuerpos gordos. Es  tansmitirle a alguien de talla grande que lo peor que podría pasarnos es vernos como él. Es seguir perpetuando ese violento estigma hacia los cuerpos grandes que tanto daño ha hecho, y que incluso se ha reconocido como factor de riesgo para enfermar por parte de prestigiadas asociaciones médicas a nivel internacional. Burlarse de un cuerpo por su tamaño es igual de violento que burlarse de un cuerpo por su raza, por su género o por sus capacidades. Burlarse de un cuerpo gordo nos deshumaniza y nos desensibiliza.

 

Por si esto fuera poco, la estigmatización de la gordura ha cobrado dimensiones aún mucho mayores a causa de infinidad de publicaciones, sin evidencia sustentable, que se han lanzado a declarar que la “obesidad” representa un mayor riesgo para contraer y para morir del COVID-19.  Este argumento, carente de bases sólidas, sólo ha conducido a señalar y avergonzar  aun mas a quienes han sido presa de estigma por su cuerpo durante años; al tiempo que podría estar provocando conductas alimentarias de riesgo entre  personas de talla grande,  que temen alimentarse por miedo a morir (y evidentemente un cuerpo mal nutrido, reaccionaria de forma más  desfavorable ante el posible contagio).

 

Además, parecemos no darnos cuenta que  esta constante satanización y amenaza de gordura nos daña a todos: flacos y gordos.  Por si no bastara el estrés de estar encerrados en casa, de no saber  lo qué nos espera, de sentir que la enfermedad puede alcanzarnos y de ver nuestras finanzas amenazadas, ahora resulta que debemos sumar una preocupación más: la de  no comer de más para no  terminar convirtiendonos en uno de esos cuerpos que nuestra cultura nos ha enseñado a rechazar. Y es por eso, que ahora, además de pasar nuestros días en cautiverio, estamos dispuestos a hacerlo con hambre, tratando de resistirnos al acto de comer, y además intentando cumplir con extenuantes rutinas de ejercicio aunque no tengamos el tiempo ni las ganas de hacerlas. Debemos ignorar nuestros deseos de comer, negarlos, sancionarlos  y convencernos de que no corresponden al hambre, sino a esa gula voraz que se empeñan en hacernos creer que padecemos. Debemos disciplinarnos  y someternos a la cultura de dieta , esa macabra creencia colectiva que nos lleva a efectuar cualquier sacrificio y a soportar todo tipo de  sufrimiento con tal de escapar de nuestro peor enemigo: un cuerpo gordo.