Despertando Vulnerabilidades

Desde que comencé a promover en redes sociales mi postura y mi apego al esquema de Salud en Todas las Tallas empecé a toparme con todo tipo de respuestas. El día que me atreví a salir del refri, como dice una buena amiga, publicando el primer post que desafiaba la pérdida de peso y la obsesión por la delgadez, tengo que reconocer que mis nervios eran muchos. No sabía qué respuesta esperar, y entendía  que de alguna manera estaba arriesgando mucho de lo que había conseguido tras mas de veinte años de arduo trabajo,  y eso era aterrador.  A pesar de que en consulta ya incorporaba los conceptos y principios en los que creía  fervientemente, exponerlos de forma pública me hizo sentir muy vulnerable. Pese a esto, me armé de valor y comencé a escribir. Una vez que publiqué el primer post me senté a esperar las reacciones y tengo que reconocer que no tenía idea de lo que iba a ocurrir. La respuesta fue muy impresionante: casi de inmediato mi muro comenzó a llenarse de likes y comentarios alentadores, gente que aplaudía mi publicación y me estimulaba a seguir.

 

Evidentemente esto me impulsó a continuar, al tiempo que fui descubriendo un disfrute personal en escribir y compartir las ideas que durante años habían intentado acomodarse dentro de mi cabeza. Me di cuenta que tenía material de sobra para comunicar, y conforme iba publicando noté que muchas personas comenzaban a identificarse. Comencé a recibir gran cantidad de mensajes privados de gente desconocida y otros tantos de conocidos. Todos ellos tenían una historia que contar o un dolor que compartir. Algunos hablaban de sus propias experiencias, mientras que otros comenzaban a mandarme fotos que podrían ayudarme a transmitir el mensaje. No exagero al decir que estos acercamientos me emocionaron mucho, pero también me contagiaron tristeza y me conectaron con penas profundas.

 

Hoy han pasado ya cuatro meses de ese primer post, y las reacciones se han ido transformando al tiempo que otras nuevas han surgido. Varias personas se me han acercado al verme en la calle con el afán de felicitarme, agradecerme, compartirme algo o bien cuestionarme. Me doy cuenta que algunos no acaban de entender del todo de qué se trata esto (lo cual me parece de lo más normal), mientras que otros tantos se sienten incluso agredidos o violentados por mis mensajes. Algunos me aplauden y me alientan, otros me cuestionan acerca de la veracidad de mis publicaciones (¿de verdad todas las anécdotas que cuentas son ciertas?, ¿no te lo estarás inventando?), hay quienes me acusan de ser irresponsable por promover la obesidad, mientras que otros cuestionan la  validez de mi mensaje por el tamaño de mi cuerpo (“para ti es muy fácil hablar así, pues eres flaca”). La verdad es que, tanto los mensajes alentadores como los que intentan confrontarme,  me emocionan y me enriquecen, me hacen sentir que algo estoy moviendo, que algo estoy sembrando, que algo estoy transformando.

 

Entiendo las reacciones que se suscitan, pues claramente estoy desafiando un sistema de creencias y valores bajo el que todos hemos crecido y vivido. Enfrentarse a esto no es fácil, y ciertamente nos hace cuestionarnos la forma en que nos comportamos y las reglas bajo las cuales regimos nuestras vidas. Sin embargo, creo firmemente que estoy comprometida con una batalla que merece la pena, una que promueve la justicia, la liberación,  la igualdad y el respeto, una que de cierta forma podrá hacer de este un mundo mejor para las próximas generaciones, y eso, para mi es más que suficiente.